6 de noviembre de 2010

El Sentido de la Vida

“¿Para que salvar algo que se empeña en autodestruirse?”. El otro día, viendo “El Quinto Elemento”, me llamó la atención esta frase, le di vueltas durante un rato pero luego se quedó perdida en algún rincón de mi cabeza. No se como ni porqué, ha vuelto y dándole vueltas y vueltas me han surgido varias preguntas. ¿Qué somos?¿Que hacemos aquí?¿Somos solo un conjunto de reacciones químicas que ocurrieron por casualidad o hay algo más?¿Por qué nos empeñamos en autodestruirnos?

Uno de los eternos debates de mi vida es sobre la existencia del destino. Algo que nos impulsa a hacer determinadas cosas porque sigue el orden natural que nos sirve de guía, pero la razón me impide creer en ello. No existe nada que te obligue a hacer las cosas que haces. Todo lo decides por ti mismo. Tu eres el iluso que sueña con un futuro perfecto, el cobarde que no se atreve a pedirle salir a la chica que le gusta por miedo a que lo rechace, aquel vago que deja todas las cosas para mañana o ese pobre marginado que no encuentra su sitio en este mundo. Eres tu, no un titiritero que mueve los hilos sin dar la cara. De esto llegamos a la primera respuesta: El destino no existe, son los padres.

La vida da muchas vueltas, pero no se puede definir un sentido que nos valga a todos por igual.

Unos piensan que solo con nacer estamos condenados a morir y viven amargados toda su vida. Otros, por el contrario, saben que disponen de un tiempo limitado y que son ellos los que tienen que decidir lo que hacer con él.

No existe un sentido de la vida general, sino que cada uno tiene que decidir hacia que rumbo dirigir su barco, un barco que navega a la deriva en un mar de oportunidades que solo uno puede escoger. Eso si, todos buscamos una cosa, llegar a aquel lugar donde nuestro nombre permanecerá grabado en la memoria de los tiempos.

5 de octubre de 2010

Salir de la oscuridad

Abres los ojos. A tu alrededor una habitación con unas paredes que no puedes ver. Sobre tu cabeza una bombilla desnuda que cuelga de algún lugar que está oculto entre sombras infinitas. Estás sentado en el centro del lugar. Tu mente, tranquila y apaciguada empieza a llevarte hasta los rincones más increíbles de un mundo donde nadie más puede entrar, un mundo tuyo donde no importa nada de lo que pase fuera de tu cabeza.

Una voz te despierta de tu letargo. Un tenue foco se enciende lejos, enfrente de ti. Ves la cara de tu madre que te dice que te mira, te observa. Se van sumando voces. Padres, hermanos, parientes, amigos, conocidos… se van encendiendo pequeñas bombillas y cada vez hay más y más gente. Te das cuenta de que estás en un pequeño habitáculo de cristal. Te empiezas a poner nervioso, te ves a ti mismo incapaz de volver a tu sueño y empiezas a sudar. Tratas de escapar de esa pesadilla, pero las intrigadas miradas de los observadores te han petrificado, no puedes moverte, no puedes soñar…

Bajo tus pies el suelo cambia. Estás de pie sobre un escenario. La madera cruje bajo tus pies. Te ves delante de tus compañeros que han venido a verte, amigos, familiares, conocidos… Ves sus caras interrogantes en el patio de butacas, están esperando que interpretes tu frase o tu papel, pero tu te das cuenta de que no puedes, tu mente está en blanco y no puedes reaccionar. El sudor y el maquillaje de la cara se convierten en una molestia insoportable, te pica todo, los focos te ciegan la vista.

Todo vuelve a cambiar. Se abre una pista de baloncesto a tus pies. Tienes un balón en las manos y miras las abarrotadas gradas mirando como vas a hacer las cosas. Todo empieza a salirte mal, empiezas a dudar de ti mismo y la frustración te hace emprenderla contra tus propios compañeros. Empiezas a sentirte inútil, se te hace un nudo en el estómago que te impide respirar. Miras al banquillo y pides cambio. Te sientas en un rincón abatido por la humillación a la que acabas de entregar el control sobre ti mismo. Cierras los ojos.

El griterío se calla por momentos. Vuelves a estar en la oscura habitación con paredes de cristal. Estas sentado en una esquina acurrucado y sudando. Las caras han desaparecido, tu mente se relaja, la presión desaparece y poco a poco vas entrando en un mundo que tu controlas y del que tu tienes el mando.

Te encuentras a ti mismo de nuevo sobre aquel escenario. El vacío patio de butacas aplaude la gran actuación que acabas de hacer.

El balón acaba de entrar por el aro al mismo tiempo que sonaba la bocina. El grito de júbilo del desierto graderío se suma al eco de la bocina que vuelve de las desnudas paredes. Tu mismo te das cuenta de tu victoria.

Un flash de luz.

Tus compañeros se abrazan a ti sobre el escenario mientras miles de caras sonrientes aplauden levantadas de sus asientos.

Otro flash.

El grito de alegría de tus compañeros de equipo cuando anotas el triple que os daba la victoria.

Otro flash.

Las gradas, ahora abarrotadas de gente, coreando a grito pelado tu nombre, gente que siempre ha estado allí, apoyándote, tanto en las victorias como en las derrotas, aunque tu cabeza te engañara y te dijera que allí no había nadie.

El ruido estruendoso de cristales rotos te devuelve a la realidad. Tu pequeña prisión de cristal se ha roto y las cadenas invisibles que te ataban han desaparecido. Has vencido la batalla más difícil a la que jamás te enfrentarás. Tu miedo ha sido derrotado con el arma más simple que uno podría imaginar. La imaginación ha liderado tu guerra contra ti mismo, una guerra que se tenía que librar, una guerra de la que solo hay un vencedor válido, una guerra que sirve para toda la vida y que te abre los ojos a un mundo más allá de tu propio mundo donde dejas al lado todo miedo y vives en el lugar que te corresponde.

3 de octubre de 2010

Mila es Arturo


Arturo o Arcturus (Alfa Bootis / a Boo / 16 Bootis) es la tercera estrella más brillante del cielo nocturno con una magnitud visual de -0,04, después de Sirio (a Canis Majoris) y Canopus (a Carinae); considerando juntas las dos componentes principales de Alfa Centauri, que no se pueden resolver a simple vista, Arturo pasa a ser la cuarta estrella más brillante. Se trata, por lo tanto, de la estrella más brillante del hemisferio celeste norte. Su constelación es Boötes, «El Boyero». Se encuentra en la Nube Interestelar Local.

El nombre de esta estrella deriva del griego antiguo (Arcturus), «el guardián del oso» y está relacionado con su proximidad a las constelaciones de la Osa Mayor (Ursa Major) y la Osa Menor (Ursa Minor). En el antiguo Egipto parece que era conocida como Smat, «el que reina» o «el que gobierna», así como Bau, «el que viene».

1 de septiembre de 2010

El Cielo de los Gatos

Nunca hasta hoy me había planteado cómo será el cielo de los gatos. Y eso que no es la primera vez que me toca despedirme de uno de esos seres tan especiales. Cierto que aquella vez vino sin avisar, como un mal sueño del que te despiertas sin saber si es real. Fue un aterrizaje forzoso sin timón que acabó fatal porque Chana, intrépida funambulista pero a la vez inocentemente torpe, se dio de bruces con su destino en contra de su propia condición felina y gastando, la pobrecita, sólo una de sus siete vidas.
Esta vez ha sido distinto. Mila se nos ha ido después de más de quince años a nuestro lado. Se ha ido despacito, sin hacer ruido, exprimiendo hasta el último instante su inapreciable compañía, su cariño inmenso. Dicen que los gatos son muy independientes, y es verdad, pero por eso mismo esos arrumacos, ese pateo rítmico sobre tu tripa y ese ronroneo agradecido, acurrucados en tu regazo, son regalos cotidianos que sólo eres capaz de apreciar si has tenido la fortuna de vivirlos. Ahora Mila ya está ocupando su lugar en las estrellas y me imagino cómo será su cielo –la mejor y más bondadosa de las gatas de la historia felina y humana no podría tener otro destino–.
Déjame ver. Alrededor del recinto una gran variedad de postes de cuerda, troncos, sillones, cortinas, visillos, colchones y muebles en general para estirarse las uñas. En un lateral, mil y un comederos con mil y una variedades de piensos, tarrinas, latitas y chucherías varías (ya sabemos lo especiales que son y que es más difícil encontrar la combinación correcta que en la bonoloto), sin olvidarnos de agua fresquita y limpia a discreción.
En la parte central, tumbonas giratorias con montura ecuatorial, como los telescopios, para poder tumbarse al sol desde el amanecer hasta el atardecer, y si en el cielo hay invierno, buenos radiadores con mantitas polares a su vera. Alrededor de las tumbonas, un intrincado circuito de saltos y habilidades para mantenerse en forma y muchas pelotitas de cascabel, algunas colgando de hilos de distintas alturas, para que jueguen los cachorritos.
Y en la cima, tu precioso pelaje gris ondeando a la brisa de la mañana y tus profundos ojos azules escudriñando la vida a tu alredededor sobre el fondo de una sinfonía eterna de ronroneos acompasados.

29 de julio de 2010

Mi sueño de una noche de verano

El calor empieza a pegarte a las sábanas y das una vuelta, otra, otra más. Tus peores recuerdos abordan tu cansada mente frustrada por el insomnio. Te incorporas sudoroso en la cama, bebes un poco de agua y te sientas junto a la ventana abierta.

La suave brisa nocturna acaricia tu cara, la luna brillando imponente en lo alto de cielo estrellado, la hermosa Venus asomando por el lejano Oriente y el hechizante sonido del silencio roto por un grupo de grillos cantores y el motor de un coche perdido. Las puertas de tu memoria se abren de par en par dejando salir tus más felices recuerdos: Aquel paseo por la orilla del Sena a la luz de la luna, la visita a aquel artesano de máscaras en la orilla del Gran Canal, la majestuosa visión del Coliseo o una simple sonrisa acompañada de un dulce beso.

La fuerte luz de los focos de la calle rompe el mágico encantamiento de una noche de verano, rompe los sueños del soñador dormido, asusta a esos duendes traviesos que se aparecen cuando cierras los ojos, esas hadas hermosas que velan por tus más felices recuerdos cuando te zambulles en ese mundo del que solo tu conoces los límites, ese mundo enteramente tuyo en el que hasta las más oscuras sombras pueden encontrar su rayo de luz, ese mundo guiado por la cálida luz de la luna en una tranquila noche de verano.

5 de abril de 2010

La mágia de la escena

Todo está a oscuras. Suenan susurros y alguien manda callar. Estás sentado en escena con las luces aún apagadas y empiezas a sudar. La madera del escenario cruje bajo tus pies y todavía te pones más nervioso. Sabes que entre esos susurros se encuentran tus amigos y familiares dispuestos a apoyarte o criticarte en los éxitos y los errores. Oyes a tus compañeros nerviosos esperando su turno detrás de las bambalinas. Se encienden los focos poco a poco y empiezas a hablar, te sorprende a ti mismo que las palabras se van solas. Intentas controlar a tu personaje pero no puedes, él te controla a ti. La personalidad del actor desaparece para dejar paso al personaje. Tu notas como toda la tensión se ha ido con la primera frase, todos tus miedos y temores desaparecen. Se van incorporando compañeros, que empiezan igual de tensos que tu al principio, y ellos, como tu, también han expulsado sus nervios en cuanto han abierto la boca para decir su primera frase. Oyes las risas del público y aumenta tu motivación por momentos. Ves que has conseguido eso que creías en un principio que no podrías hacer y que muchos han caído en su camino por conseguirlo y no han llegado al final. Ves tu triunfo momentáneo en las felices caras de ese público que ha venido a verte y a pasar un buen rato contigo. Ves que ese miedo que echa a mucha gente para atrás no ha podido contigo, que has llegado al final y que acabas de vivir una experiencia casi única y muy reconfortante.

Luego llegará el momento de que esta experiencia sirva para que tu puedas enseñar a otros, guiarlos a que lleguen al mismo punto de felicidad que tienes en escena o una vez has acabado tu actuación, cuando te sientes liberado, te has quitado un peso y un miedo de encima. Después de vivir esta experiencia esta te sigue toda la vida, y nunca puedes decir que es mala. Luego si en algún momento tienes que volver a escena no puedes decir que es tu primera vez, aunque nunca se tiene la suficiente experiencia como para que no haya sorpresas de última hora o alguna rabieta antes de empezar.

Los nervios nos juegan malas pasadas pero nunca son nada que no puedas arreglar con el tiempo.

Yo solo espero que se disfrute al máximo en escena, que os liberéis de vuestro yo y dejéis paso a vuestro personaje para que este lleve las riendas de tu interpretación. Que se sorprenda cuando algo no le cuadra, que tenga miedo cuando lo van a matar o que se ponga histérico porque la obra que ha escrito se va por tierra en cuestión de segundos. Toda la obra la dirige el personaje, si un actor se alza sobre su personaje se nota que se lo ha aprendido de memoria y nada más. Esto de actuar se ha convertido en una droga poco común, pero de la que el mono es demasiado peligroso.

Vivid el momento. Disfrutad de la oportunidad. Pasadlo bien.

4 de marzo de 2010

¿Qué es el ser humano?

El ser humano, por mucho que nos pese, es una criatura de lo más simple e impulsiva. Que sí, que podremos razonar y todo lo que queráis, pero no dejamos de ser uno de los peores errores de la madre naturaleza.

Cada vez que una especie se cree superior a las demás las cosas se salen de madre y acaban mal, si no me creéis preguntádselo a los Dinosaurios, que creo que las pasaron canutas por hacerse más gallitos de lo que deberían. Y no os creáis que con nosotros va a ser diferente. Vamos a acabar exactamente igual. El planeta está muriendo bajo nuestros pies, la vida se extingue. Y ya hay poco que podamos hacer.

El ser humano solo es un punto insignificante que se pierde en la inmensidad del cosmos. Solo somos personajes de una obra de teatro que nunca deja de representarse, cierto que nadie sabe como acaba, pero podemos deducir el final. No importa cuando, como o porqué, pero todo tiene que pasar alguna vez.

Nos creemos los reyes del mambo porque somos inteligentes. Para que sirve eso si lo usamos para matarnos los unos a los otros ya sea por culpa de nuestras ideas o nuestras creencias, por el mísero dinero, o por el simple sentimiento de placer que sienten aquellos que no respetan la vida ni nada que la rodee.

Hay veces que pienso que el ser humano es más simple que el mecanismo de un chupete, ya sea por nuestros impulsos animales o por nuestros comportamientos irracionales o simplemente por el mero hecho de creernos superiores a los demás incluso dentro de nuestra misma especie.

Darwin demostró que a partir de una pequeña célula microscópica han surgido tantas especies como conocemos hoy en día y algunas que aún están por descubrir o incluso por aparecer; lo cual nos demuestra una vez más que todo ser humano es idéntico en lo que más importa, la racionalidad.

¿Qué hemos hecho para llegar a ser lo que somos? La verdad es que lo único que tuvimos que hacer es desarrollar nuestra curiosidad. Ese fue el factor que nos lanzó hacia arriba en el escalafón de los seres vivos y también es el factor que nos acabará matando. Como bien dice el refrán “La curiosidad mató al gato”. Si hubiéramos sabido parar en el momento oportuno, probablemente este sería un mundo feliz y pacífico.

Nuestro paso por el universo tiene que tener algún sentido o, por el contrario, no ser más que una mera coincidencia en el orden natural de todas las cosas que nos rodean.

No se que es el ser humano en realidad, porque con una idea aproximada no vale. En palabras del gran Calderón de la Barca:

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,


y el mayor bien es pequeño;


que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

30 de enero de 2010

La pura realidad

Hace algunas noches tuve un sueño. Todo el mundo estaba triste y llorando, un ataúd con mi nombre reposaba en el centro de una sala casi vacía. El sueño cambió, la vida seguía y todos parecían normales, como si nada hubiera pasado. Yo les veía y les hablaba, pero ellos no podían escucharme. Me entró miedo, empecé a sudar y desperté.
Algunos días más tarde, tuve otro sueño. Estaba sentado en la proa de un velero mirando el sol hundiéndose en el horizonte. Me volví hacia detrás. Había una chica mirándome. Era hermosa y su larga melena hondeaba acompañando la suave brisa del mar. Su cuerpo se movía al compás de las olas y sus ojos brillaban como una luna de verano. Entonces mi mente se quedó en blanco.
Cuando desperté a la mañana siguiente me di cuenta de que no importa lo corta que sea la vida o de los misterios que nos depara el futuro, lo que importa es vivir el presente lo más felizmente posible.