30 de enero de 2010

La pura realidad

Hace algunas noches tuve un sueño. Todo el mundo estaba triste y llorando, un ataúd con mi nombre reposaba en el centro de una sala casi vacía. El sueño cambió, la vida seguía y todos parecían normales, como si nada hubiera pasado. Yo les veía y les hablaba, pero ellos no podían escucharme. Me entró miedo, empecé a sudar y desperté.
Algunos días más tarde, tuve otro sueño. Estaba sentado en la proa de un velero mirando el sol hundiéndose en el horizonte. Me volví hacia detrás. Había una chica mirándome. Era hermosa y su larga melena hondeaba acompañando la suave brisa del mar. Su cuerpo se movía al compás de las olas y sus ojos brillaban como una luna de verano. Entonces mi mente se quedó en blanco.
Cuando desperté a la mañana siguiente me di cuenta de que no importa lo corta que sea la vida o de los misterios que nos depara el futuro, lo que importa es vivir el presente lo más felizmente posible.

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