5 de abril de 2010

La mágia de la escena

Todo está a oscuras. Suenan susurros y alguien manda callar. Estás sentado en escena con las luces aún apagadas y empiezas a sudar. La madera del escenario cruje bajo tus pies y todavía te pones más nervioso. Sabes que entre esos susurros se encuentran tus amigos y familiares dispuestos a apoyarte o criticarte en los éxitos y los errores. Oyes a tus compañeros nerviosos esperando su turno detrás de las bambalinas. Se encienden los focos poco a poco y empiezas a hablar, te sorprende a ti mismo que las palabras se van solas. Intentas controlar a tu personaje pero no puedes, él te controla a ti. La personalidad del actor desaparece para dejar paso al personaje. Tu notas como toda la tensión se ha ido con la primera frase, todos tus miedos y temores desaparecen. Se van incorporando compañeros, que empiezan igual de tensos que tu al principio, y ellos, como tu, también han expulsado sus nervios en cuanto han abierto la boca para decir su primera frase. Oyes las risas del público y aumenta tu motivación por momentos. Ves que has conseguido eso que creías en un principio que no podrías hacer y que muchos han caído en su camino por conseguirlo y no han llegado al final. Ves tu triunfo momentáneo en las felices caras de ese público que ha venido a verte y a pasar un buen rato contigo. Ves que ese miedo que echa a mucha gente para atrás no ha podido contigo, que has llegado al final y que acabas de vivir una experiencia casi única y muy reconfortante.

Luego llegará el momento de que esta experiencia sirva para que tu puedas enseñar a otros, guiarlos a que lleguen al mismo punto de felicidad que tienes en escena o una vez has acabado tu actuación, cuando te sientes liberado, te has quitado un peso y un miedo de encima. Después de vivir esta experiencia esta te sigue toda la vida, y nunca puedes decir que es mala. Luego si en algún momento tienes que volver a escena no puedes decir que es tu primera vez, aunque nunca se tiene la suficiente experiencia como para que no haya sorpresas de última hora o alguna rabieta antes de empezar.

Los nervios nos juegan malas pasadas pero nunca son nada que no puedas arreglar con el tiempo.

Yo solo espero que se disfrute al máximo en escena, que os liberéis de vuestro yo y dejéis paso a vuestro personaje para que este lleve las riendas de tu interpretación. Que se sorprenda cuando algo no le cuadra, que tenga miedo cuando lo van a matar o que se ponga histérico porque la obra que ha escrito se va por tierra en cuestión de segundos. Toda la obra la dirige el personaje, si un actor se alza sobre su personaje se nota que se lo ha aprendido de memoria y nada más. Esto de actuar se ha convertido en una droga poco común, pero de la que el mono es demasiado peligroso.

Vivid el momento. Disfrutad de la oportunidad. Pasadlo bien.