La suave brisa nocturna acaricia tu cara, la luna brillando imponente en lo alto de cielo estrellado, la hermosa Venus asomando por el lejano Oriente y el hechizante sonido del silencio roto por un grupo de grillos cantores y el motor de un coche perdido. Las puertas de tu memoria se abren de par en par dejando salir tus más felices recuerdos: Aquel paseo por la orilla del Sena a la luz de la luna, la visita a aquel artesano de máscaras en la orilla del Gran Canal, la majestuosa visión del Coliseo o una simple sonrisa acompañada de un dulce beso.
La fuerte luz de los focos de la calle rompe el mágico encantamiento de una noche de verano, rompe los sueños del soñador dormido, asusta a esos duendes traviesos que se aparecen cuando cierras los ojos, esas hadas hermosas que velan por tus más felices recuerdos cuando te zambulles en ese mundo del que solo tu conoces los límites, ese mundo enteramente tuyo en el que hasta las más oscuras sombras pueden encontrar su rayo de luz, ese mundo guiado por la cálida luz de la luna en una tranquila noche de verano.
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