La cabeza sigue dando vueltas después de la caída, nos vemos perdidos ante una interminable pared vertical que se alza impetuosa en medio del negro abismo al que nos hemos precipitado.
Sin cuerdas, sin arneses, solo con las ganas, el deseo y el corazón empezamos la vertiginosa ascensión hacia la victoria y la redención. Los obstáculos se cuentan por docenas. Estrés, nervios, presión. Resulta difícil mantener la cabeza fría.
Conforme ascendemos, las grietas de la pared, que al principio eran prácticamente inexistentes, se multiplican, y la verticalidad del muro va haciéndose más suave. La subida se hace más fácil, lo peor ha pasado ya. El eufórico grito de ánimo de las almas del abismo nos empuja hacia arriba con vigor.
Vemos encima de nosotros a nuestros enemigos, quienes, confiados de su ventaja, se han tomado la ascensión con calma. Estamos consiguiendo nuestra meta, alcanzamos la cima al mismo tiempo que ellos.
Cara a cara con el rival cual dos pistoleros del oeste que esperan a la primera campanada del reloj para desenfundar sus revólveres. Nos suda la frente, contenemos la respiración, miramos fijamente a la odiada figura encapuchada que no representa a la muerte esta vez, sino la vuelta al abismo. Nos aguarda paciente en una postura desafiante. Todos quietos, en silencio, esperando el sonido del silbato que significará el final de la carrera.
La victoria, dulce sabor de redención.
La derrota, amargo hundimiento en las aguas de nuestro orgullo.
Pero no ha de ser así.
Pase lo que pase no volveremos al abismo. Sintamos lo que sintamos presentaremos batalla y lucharemos con uñas y dientes hasta que nuestro cuerpo no de más de si, y al final recibiremos la recompensa buscada.
Ganemos o perdamos saldremos con la cabeza bien alta y la conciencia tranquila. Ocurra lo que ocurra saldremos victoriosos y contentos, y, sobre todo, nos sentiremos campeones por haber superado la dura montaña que nos separaba de la felicidad.
Hay quien dice que necesitamos un milagro y que nuestra gesta es imposible. ¿Existen los milagros?¿Hay algo imposible? Nosotros tenemos la última palabra, estamos preparados para dar el golpe, así que, compañeros, solo nosotros somos dueños de nuestro futuro. Forjémoslo a nuestra manera.
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