8 de noviembre de 2008

La Familia de la Radio

Parafraseando a Machado “Mi infancia son recuerdos de una emisora de radio”. Siempre me he sentido un privilegiado por haber vivido la magia de la radio desde dentro, entre las bambalinas del “teatro de los sueños”. Y la palabra radio para mi es sinónimo de Radio Huesca. La misa radiada del domingo con Rafael Ciria, las retransmisiones desde San Jorge y después desde el Alcoraz con Pedro Lafuente y Luis Garcés, los veranos contando las tarjetas de votación de los oyentes para la canción del verano, “La Escuela del Señor Buho” y otros muchos cuentos infantiles, el traqueteo de las máquinas Olivetti en la redacción y el primer teletipo, Rin-Tin-Tín (un pastor alemán que custodiaba Estrecho Quinto y que mi memoria ha conservado con ese nombre), José María Marcellán tomando de Radio Francia el resultado de la etapa del “Tour de France”, el primer estudio de Frecuencia Modulada… Todo forma parte de los mejores recuerdos de mi infancia. Los primeros dieciséis años de mi vida transcurrieron respirando radio, viviendo la radio 24 horas al día, como un compañero cotidiano en las penas y en las alegrías. El “hechizo” de la radio es el bálsamo que todo lo cura, el amigo que siempre está cuando lo necesitas. Ahora se celebran 75 años de Radio Huesca y toda mi familia nos sentimos, no sé si con derecho o sin él, parte de su historia. De una manera o de otra todos hemos seguido estando vinculados a la radio, trabajando profesionalmente en ella o matando el gusanillo en radios independientes locales, pero siempre con el espíritu romántico y generoso de servicio que mi padre nos transmitió. Nunca supe muy bien si fuimos nosotros los que nos alejamos o si fue la radio la que cambió de rumbo, pero al final el legado de Alberto Turmo ha seguido vivo hasta la segunda generación, que no ha puesto una pica en Flandes pero sí en Berna donde su nieto Iván mantiene en lo alto la bandera de su abuelo. Nada de lo que se está recordando en este aniversario me resulta ajeno y, además de los rostros y nombres conocidos, figuras indiscutibles de la historia de Radio Huesca, también me acuerdo de todas y cada una de las personas de Radio Huesca que formaron parte del paisaje de mi infancia y a las que sigo profesando un especial cariño, algunas tan importantes en la ciudad como Don Antonio Durán o Rafael Ayerbe (Rayersam) y otras casi anónimas o difuminadas por la niebla del tiempo: el señor Jesús, Vicente, Pablo, en el control Maricarmen, Julio y Manolo, Paz en la discoteca, Cani, Merche y Josefina en el micrófono, mi tío Antonio, Marcellán y por supuesto Isaac (permitidme la familiaridad porque así es como os recuerdo). También fui testigo privilegiado, desde mi mirada infantil, de los primeros pasos en Radio Huesca de Antonio Angulo, Julio Alvira, Rafa Bardají o “Petón”, y posteriormente del mítico “Misión Imposible” de Luis Llés, de la aportación de aire fresco de Damián Torrijos (“y Luis Laiglesia”) o de la “magia” de las retransmisiones de Ricardo Turmo. A todos me une un afecto entrañable en el que siempre me he sentido correspondido, sin duda porque el espíritu de mi padre sigue inspirándonos a todos a pesar del tiempo trascurrido. Mi padre siempre huyó de los focos, de los flashes y, curiosamente, de los micrófonos. Con ese mismo espíritu me gustaría felicitar a Radio Huesca, pero especialmente a todos los que se fueron y que seguro que la siguen escuchando allá donde estén. Lo bueno de la radio es que forma parte de nuestras vidas y todos tenemos alguna historia que nos relaciona con ella. Esta sólo es una más.

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